Cristina Martí

OBRA PRESENTADA A CONCURSO Y PREMIADA

Anémona
2020,
Barro blanco de baja temperatura con esmalte
23 x 30 x 10 cm

 

Cristina Martí

Cristina, artista cerámica.

Mi trayectoria en el mundo del arte empezó tarde. Las artes plásticas siempre me llamaron la atención, sin embargo no fue hasta hace cinco años que comencé a formarme en cerámica.

Estudié una ingeniería y durante mi juventud trabajé en distintos campos hasta que decidí retirarme para criar a mis dos hijas. En el año 1999 empecé a recibir clases de pintura al oleo en diversas academias de Madrid y perfeccioné mi técnica hasta 2004, hasta que sentí que no era el medio adecuado para mi proceso creativo.

En 2015 empecé a formarme en escultura cerámica con María de Andrés, y desde entonces se convirtió en mi pasión. Al descubrir el medio sentí la necesidad de explorar todas sus posibilidades, por lo que compaginé sus clases con las del taller Pottery Gym, de Marphil hasta 2019. Actualmente me sigo formando con Julio Galindo, conocido como Savage Ceramics.

Este medio me permite combinar la libertad de las formas, con mi conocimiento del color. En un corto periodo de tiempo he encontrado una voz personal, colorista y divertida.

Mi obra surge de la necesidad de expresar sensaciones y recuerdos. Me divierto experimentando con texturas, colores y técnicas sin limitarme a mi misma. Busco la diversión y quiero que mi obra que despierte simpatía e el espectador.

Mi proceso creativo pasa siempre por el juego, experimento con los materiales sin intención de llegar a ningún sitio. Es las obras la que me encuentra a mí a través del material de manera orgánica.

Mi mayor fuente de inspiración es la naturaleza, especialmente las criaturas marinas y los paisajes acuáticos. Mi herencia familiar está relacionada con la isla de Mallorca, donde he pasado cada verano de mi vida.

Durante mi infancia en los 70 el turismo era reducido, y la mayoría de la isla estaba sin explotar. La vida marina era tan diversa y abundante, que pasar las tardes nadando y pescando era el mejor plan que un niño podía tener.

Mi obra está directamente relacionada con esos recuerdos. No intentan ser un reflejo de la realidad, si no una reinterpretación de esas memorias de la infancia, donde la realidad se mezcla con la imaginación.

Mezclo combinaciones de colores, formas y texturas que no necesariamente forman parte del mismo recuerdo, lugar u objeto, como de si un collage de recuerdos se tratase.

Mi universo es un zoo de naif fauna abisal, cubierta de vibrantes colores y escurridizas texturas.