Hace poco más de cinco años, el economista y experto en mercado del arte Don Thompson publicaba en España su obra La supermodelo y la caja de brillo: los entresijos de la industria del arte contemporáneo (Ariel, 2015), cuyo capítulo final, y tras diseccionar el modo en que se consagran los artistas -y sus obras-, dedicaba al porvenir de un sector tradicionalmente reaccionario; y lo hacía planteando la siguiente pregunta: «¿hacia dónde va el mercado del arte contemporáneo?». Evidentemente: hacia un modelo online y cada vez más digital del mercado del arte.

En su momento, Thompson consideraba que encontrar una respuesta a esta pregunta no era del todo posible, pues la solución seguía «todavía abierta»; a pesar de que todas las predicciones fueran «poco favorables a los marchantes mayoritarios y las galerías físicas». Ya entonces, sin embargo, podía intuirse que «la venta de arte de alta categoría por internet, a unos costes de transacción mucho más bajos que a través de los marchantes o las ferias de arte» podía ser el futuro.

«El marketing online parece el paso lógico a la hora de hacer disponible el arte para un público global», decía Thompson en su obra. Sin embargo, por aquellos años, y en un sector como el artístico, donde un lustro puede ser eterno, aún no se había encontrado la fórmula maestra: los experimentos pioneros, de hecho, dieron «resultados poco definidos», según las propias palabras del autor. Pero, ¿qué experimentos fueron esos?

En primer lugar, en el ensayo se habla de un breve proyecto de la marchante Donna Rose en Beverly Hills que duró tan sólo un par de meses, donde se ofrecían imágenes borrosas de un reducido catálogo de obras y unas breves descripciones que no animaban demasiado a invertir. Del mismo modo, Thompson también se hacía eco de los primeros intentos de las casas de subastas Sotheby’s y Christie’s por copar el mercado digital, de los precios competitivos de la primigenia plataforma web de Saatchi, de las propuestas que ofrecían otras páginas como 1stdibs.com, artspace.com o artnet.com, o de la primera gran feria online del mundo: la VIP Art Fair, que en enero de 2011 reunió a galerías y galeristas tan reconocidos como Gagosian, White Cube, David Zwirner o Hauser & Wirth. No obstante, en aquel momento nada triunfó, a pesar de que la motivación inicial estaba bien justificada; y la conclusión de Thompson al respecto, esgrimida al final de su capítulo dedicado al mercado del arte online -en 2015, al menos- era tajante: «ninguna experiencia online ha conseguido reproducir jamás» la experiencia física de ir a una galería y comprar arte in situ, «ni ha proporcionado un sustituto adecuado». ¿Creen que, en pleno 2021, seguiría teniendo razón?

Página principal de la ‘VIP Art Fair’ (2011).

Los datos hablan por sí solos

En primer lugar, la misma Sotheby’s, a la que no le habían salido del todo bien las cosas a comienzos del siglo XXI, publicó en agosto de 2020 un informe en que admitía haber excedido los 285 millones de dólares en ganancias tan sólo en subastas online, triplicando los resultados globales que la compañía había obtenido en 2019.

Por su parte, las subastas exclusivamente online de Christie’s también mejoraron sus cifras respecto al año anterior: concretamente, aumentaron en un 261%.

Según el Hiscox Online Art Trade Report 2020, la pandemia de «COVID-19 ha hecho que el mercado del arte online ponga el turbo». Por ejemplo, y por mencionar alguna de sus conclusiones, el porcentaje de compradores que se hicieron con obras de arte a través de internet subió de un 44% en 2019 a un 67% en 2020.

Fuente: The Hiscox Online Art Trade Report 2020.

Tal y como dijo el galerista austriaco Thaddeus Ropac en The Art Newspaperdurante el confinamiento, «yo nunca estuve a favor de estar en línea. Pensé que sería una distracción para la galería, pero ahora que trabajo desde casa tengo puesta en ello toda mi atención, y lo estoy contemplando. Tuvimos cientos de personas involucradas desde el primer día».

Así es, al menos, como acabamos el año pasado, pero todo hace pensar que el cambio de paradigma ha venido para quedarse -ahora sí-. Desde luego, si alguien quisiera preguntarse, como Don Thompson en su momento, «¿hacia dónde va el mercado del arte contemporáneo?», la respuesta, a estas alturas -y con las circunstancias presentes-, sería inequívoca: hacia un modelo online y cada vez más digital del mercado del arte. Y en mercARTonline es algo que siempre hemos tenido claro.

*Si estás interesado y quieres saber más sobre la obra que encabeza el artículo, un detalle de La novia de Guilliver (serie Fairy Tales), de Maurizio Lanzillotta (2009), infórmate aquí.