Hay que tener presente que el crítico casi siempre se encuentra subvencionado para que realice una labor de valoración no genérica, sino específica, por lo que normalmente los escritos no se publican sin una revisión previa. Básicamente no conviene olvidar que, si por un lado la profesión de crítico se presenta como objetivamente ambigua, es esta una de las claves para entender el panorama artístico actual.

Más allá de los distintos criterios de juicio y de selección, los críticos de cualquier tendencia desarrollan un trabajo similar en los sectores específicos en los que se mueven. Desde este punto de vista, el mejor criterio para distinguir los diversos tipos de críticos es el que se refiere a su mayor o menor importancia en el ámbito del ambiente artístico. La influencia de un crítico se puede concretar por el número de funciones que desarrolla en diversos niveles. De hecho, cuanto más importante es un crítico, más se hace sentir su peso en las varias fases de la producción y de la difusión de las producciones artísticas.

Clement Greenberg (1909 - 1994)
Clement Greenberg (1909 – 1994).

Los críticos que realmente cuentan o han contado a nivel internacional son pocos. A veces, como le sucedió a Jackson Pollock con Clement Greenberg, el artista quedó tan fascinado por la teoría que llegó a modificar su trabajo, potenciando al máximo ciertas características para complacer a su crítico. La relevancia de Greenberg se debió al apoyo que prestó a Pollock, aunque su verdadero descubridor fue Peggy Guggenheim, quien le proporcionó su primera aparición en una colectiva, en su galería Art of this Century.

El crítico de arte francés Michel Tapié (1909 - 1987)
El crítico de arte francés Michel Tapié (1909 – 1987).

A la hora de analizar someramente las principales actividades relacionadas con este tipo de profesión, la más típica es sin duda la de estar en posesión de las firmas sobre arte en los periódicos y en las revistas no especializadas. En este caso, su principal función es lograr una resonancia masiva, normalmente para artistas consagrados. La verdadera valoración crítica se produce a través de las revistas especializadas, minoritarias y dirigidas a un público elitista formado en su mayor parte por profesionales y coleccionistas.

En cuanto a los artículos alusivos a exposiciones en galerías, normalmente no se expresan en términos negativos, bien porque ya se ha hecho una selección de las exposiciones a comentar, o bien porque el periódico no tiene ningún interés en enemistarse con los galeristas, que con su publicidad representan una constante fuente de ingresos. Cuando los comentarios del crítico sobre un artista son demasiado elogiosos, puede considerarse que el crítico se convierte en una herramienta de marketing. En el caso de los comentarios o artículos relacionados con las grandes manifestaciones artísticas (bienales, ferias), el crítico es relativamente libre de escribir lo que quiera. Pero también en este caso, además del hecho de que debe atenerse a la tendencia política y cultural del periódico, su trabajo se encuentra terriblemente influido por los intereses del mercado.

Una de las actividades más rentables para los críticos consiste en escribir las presentaciones en los catálogos de exposiciones individuales o colectivas. Los ingredientes necesarios para la realización de un catálogo que llame la atención son por un lado numerosas reproducciones bien confeccionadas, cubiertas lujosas, papel de calidad y, por otro lado, una presentación escrita por un crítico relevante y un largo elenco de referencias más o menos veraces, como exposiciones anteriores, individuales o colectivas, premios y citas de críticos que hayan escrito sobre el artista anteriormente. La mayor parte de los críticos no se muestran demasiado remilgados y aceptan escribir para cualquier artista. En estos casos, más que de labor crítica convendría hablar únicamente de venta de firma. Finalmente, debemos hacer hincapié en que la pretendida educación del gusto por parte de los críticos en los periódicos, en el fondo es únicamente pura y simple exposición de las diversas tendencias estéticas, ya conocidas por el público culto. Además, los lectores de artículos artísticos son casi exclusivamente personas cultas y asimismo el periódico se hace para ser vendido, por lo que es evidente que la principal preocupación del director y por consiguiente del crítico consiste en que el lector encuentre en el periódico lo que busca, para satisfacer sus propias necesidades culturales.

Actualmente existen algunas dudas acerca del “nivel de sinceridad” de gran parte de los críticos, así como del resto de intelectuales en general; sin embargo a este respecto hay que repetir que no se trata tanto de mala fe como de una consecuencia inevitable de la progresiva disminución del auténtico margen de libertad crítica, debido a una instrumentalización creciente de la producción cultural, con finalidades económicas e ideológicas. Y todo ello, claro está, dentro de un entorno de pérdida paulatina de poder del crítico dentro del mercado de arte; en otros tiempos una opinión negativa en una reseña podía truncar una carrera, al tener una fuerza de disuasión frente al coleccionismo, lo que hoy en día equivale a un clamoroso “no vendido” en una subasta.